La Arquitectura Moderna se vincula a Tucumán de manera temprana de la mano del arquitecto Alberto Prebisch, quien presenta un proyecto de ciudad azucarera en el Salón Nacional de Bellas Artes en 1924. Su diseño inspirado en la obra del arquitecto francés Tony Garnier abordaba las preocupaciones de la vanguardia arquitectónica de su tiempo de manera sincrónica con lo que se discutía en el mundo. Esta es la etapa donde "Los modernistas construyeron miradas interesadas hacia las producciones masivas" (Liernur). Sin embargo la arquitectura moderna construida en Tucumán tendrá que esperar poco más de una década para hacerse realidad, de la mano de arquitectos venidos del sur del país, algunos de los cuales se afincarán hasta transformarse en tucumanos adoptivos y hacer aquí escuela, literal y metafóricamente.

Como primeras obras racionalistas en la provincia, encontramos la casa Posse (25 de Mayo al 700) de Carlos Mendioroz de 1935 y la casa Terán Etchecopar, de Eduardo Sacriste (25 de Mayo al 400), proyectada en 1936. Si señalamos la fecha del proyecto del edificio La Continental, del arquitecto R. Togneri construido por el arquitecto Jaime Roca en 1939, unido a la creación en ese año de la escuela de Arquitectura, sabremos definitivamente que los años 40 y 50 verán interpretarse en clave local las ideas de la Arquitectura Moderna Racionalista.

La Arquitectura Moderna buscaba desde principios de siglo un estilo diferente que se correspondiera con las nuevas ideas y necesidades de la pujante civilización industrial, aun no desencantada de sus logros. Esa arquitectura presentó etapas; cuando hablamos de "moderno" hablamos de una arquitectura que buscaba abordar un problema complejo desmembrándolo de manera descartiana en sus partes. Para ello se apoyaron en la geometría euclediana de formas primarias con especial predilección por el cubo como "arquetipo fundamental del que pueden obtenerse todos los elementos básicos del léxico funcionalista", eliminando toda decoración superflua. Como sostenía Le Corbusier, las casas debían ser "máquinas de habitar".